jueves, 28 de abril de 2011

Alaska

Los pies cubiertos de hielo, mientras pisan la suave nieve que bajo éstos se deshiela a un ritmo increíble, a lo lejos hay árboles, ciento de ellos, todos majestuosos, espectaculares ante los ojos de la humanidad... El paisaje nevado causó gran devoción en su inquieta mirada, hizo que su cuerpo de estremeciese debido al incesante viento helado, pero no sólo se estremecía de frío, sino que también lo hacía  de pura felicidad, como un crío cuando consigue lo que lleva pidiendo días, meses o años....
Al horizonte se dejaban ver tímidamente unos destellos verdosos, ahora, la piel se tornaba oscura debido al cambio de hora, daba miedo aquel lugar alimentado solamente por una tenue luz verdosa y por la gigantesca luna que sobre la cabeza pendía, pero la luz no era suficiente para divisar el peligro que la aguardaba tras los grandes árboles que se alzaban frente suya....

¿Qué más da?

¿De veras es tan fácil pensar que el mundo te recordará cuando ya hayas desaparecido? Puede que para vosotros lo sea, puede que sea fácil y simple pensar que te recordarán cuando ya no estés, cuando nadie pueda tocarte, cuando tu mirada ya no choque con ninguna otra.... No sé, teóricamente parece fácil ¿no? es un simple pensamiento, sólo eso.... Pero ¿y prácticamente? Me temo que como en casi todos los casos, la teoría es mucho más simple que la práctica....
Pero yo me preguntó: ¿qué más da que te recuerden en este mundo? ¿Debemos vivir nuestra vida en base de que los demás la recuerden? Yo creo que todo lo contrario, debemos vivir, vivir a nuestra manera, vivir como queramos, ser felices y todo ese rollo de comer perdices con la princesita del cuento de hadas.
Carpe Diem.